La llegada de los Ándalos

Los ándalos se originaron en  las  tierras de El Hacha, al noreste  de donde  ahora se  ubica Pentos, aunque por  muchos  siglos  fueron  un pueblo  migratorio  que  no  permanecía  en un  solo  lugar por demasiado  tiempo. Desde  el corazón  de  El Hacha—  un  gran espolón de  tierra rodeado  por  el  Mar de  los  Escalofríos  -ellos viajaron al suroeste  para forjar Andalia:  el  antiguo  reino  que  los Ándalos gobernaron  antes de  cruzar  el Mar Angosto.

Andalia se  extendía desde  El Hacha hasta  lo  que  ahora es la  Costa Braavosi,  y  al  sur hasta las  Llanuras  y  las Colinas de  Terciopelo. Los  Ándalos trajeron  consigo  armas de hierro  y  armaduras  de placas de  hierro, contra los cuales  las  tribus que  habitaban  estas tierras  no  pudieron  hacer  nada. Una de  estas  tribus era  la de  los hombres  peludos;  su nombre  ha sido  olvidado,  pero  aún  se recuerdan  en  ciertas  historias  Pentoshi. (Los Pentoshi  creían  que estaban  emparentados  con  los hombres  de  Ib,  y  las historias  de la Ciudadela concuerdan, aunque  algunos argumentan  que  los hombres  peludos  se establecieron  en  Ib,  y  otros dicen que  los hombres peludos llegaron  desde  Ib.)

El hecho  de  que  los  Ándalos forjaran  el hierro  ha  sido  tomado por algunos como prueba de que  los Siete  los guiaban—  que  el Herrero mismo  les  enseño  este  arte  —y así  lo  enseñan  los  textos sagrados.  Pero  los Rhoynar ya eran  una  civilización  avanzada en ese  entonces, y  ellos también  sabían  del hierro, así  que  tan  sólo hace  falta revisar un  mapa  para  darse  cuenta que  los  primeros Ándalos deben  haber tenido  contacto  con los Rhoynar.  El Olas Oscuras y  el Noyne  yacen directamente  en  el  trayecto  de  la migración  de  los Ándalos,  y  según  el historiador norvoshi  Doro Golanthis aún  existen restos de  asentamientos Rhoynar en Andalia. Y  no  sería la primera  vez que  los hombres aprendieran  a trabajar el hierro  de  los Rhoynar;  se  dice  que  los Valyrios  también aprendieron  el arte  de  ellos, aunque  los  Valyrios  eventualmente los superaron.     Durante  miles de  años los  Ándalos  moraron  en Andalia, haciéndose  cada  vez más numerosos.

En  el  más antiguo  de  los libros sagrados,  “La  Estrella  de  Siete Puntas”,  se  dice  que los Siete  caminaban  entre  su gente  en las colinas  de  Andalia,  y  que  fueron  ellos quienes  coronaron  a Hugor de  la  Colina  y  le  prometieron  a  él  y  a  sus descendientes grandes reinos en  una tierra  lejana.  Esto  es  lo  que  los septones  y  septas enseñan como  la  razón por la cual  los  Ándalos dejaron  Essos  y marcharon  rumbo  al  oeste hacia Poniente,  pero  la historia  que,  a través de  los  siglos,  la Ciudadela ha descubierto podría proporcionar una  mejor  explicación.

Una vieja  leyenda contada  en Pentos  afirma que  los Ándalos asesinaron  a  las doncellas cisne  que  atraían  a  los viajeros hacia  su muerte  en  las Colinas de  Terciopelo,  que  se encuentran  al  este  de la Ciudad  Libre.  Un héroe que  los  Pentoshi  llaman  Hukko guiaba a los Ándalos  en  ese  entonces,  y  se  dice  que  asesinó  a  las siete doncellas no  por  los crímenes  que  cometieron,  sino  para entregarlas como  sacrificio  a  sus  dioses.

Algunos maestres  piensan  que  Hukko  podría  ser  una traducción del nombre  Hugor. Pero  las antiguas leyendas del este  deben  ser desconfiadas, incluso  más  que  aquellas de los Siete  Reinos. Demasiados pueblos han viajado de un lado a otro, y muchas leyendas y cuentos han sido entremezclados.

La masacre de los Niños del Bosque

Durante  un  par  de  siglos,  mientras los ándalos  prosperaban  en las Colinas  de Andalia, fueron  dejados  en  paz. Pero  con  la  caída del Viejo  Ghis llegó  la gran  oleada de conquistas  y  colonización  del Feudo  Franco  de  Valyria, mientras estos  expandían  sus dominios  y buscaban  más esclavos. Al  comienzo,  el  Rhoyne  y  los Rhoynar sirvieron como  un  escudo.  Para cuando  los  Valyrios  llegaron  al gran  río, descubrieron  que  sería difícil cruzarlo  a la fuerza.

Los señores  dragón  no  tendrían  problemas,  pero  los que  iban  a pie  y  los jinetes  a caballo encontraban  desalentadora la perspectiva  de  enfrentarse a  la  resistencia Rhoynar,  dado  que  los Rhoynar eran de  momento  tan  poderosos como  lo  había sido Ghis en  su gloria. Hubo  una tregua durante  años entre  los Valyrios  y  los Rhoynar, pero tan  sólo  protegió  a  los  ándalos de  momento.

En la desembocadura del  Rhoyne,  los  Valyrios fundaron  la primera de sus  colonias. Allí   se  levantó  Volantis  por algunos de  los hombres  más acaudalados  de  Feudo  Franco  para recoger  la riqueza que  fluía por  el Rhoyne,  y desde  Volantis sus  ejércitos conquistadores cruzaron  el río. Al  principio  los Ándalos  podrían haber  luchado  contra  ellos, y  los Rhoynar podrían  haberles ayudado  incluso, pero  la  marea  era imparable.

Así que  es  probable que  los Ándalos escogieron  huir, en  lugar de enfrentar  la esclavitud inevitable,  que  venía con  la conquista de los Valyrios. Se  retiraron  a  las tierras  de  El Hacha,  y  cuando aquello no  los protegió, se  retiraron  más hacia  el noroeste  hasta  que llegaron  al  mar.  Algunos  debieron haberse  rendido  y  entregado  a su  suerte, y  otros pudieron  haber  hecho  un  último  esfuerzo  por resistirse,  pero muchos  otros construyeron  barcos  y  navegaron en gran  número  a  través  del  Mar Angosto  hacia  las tierras  de los Primeros Hombres  en  Poniente.

Los  Valyrios les  negaron  a  los Ándalos la promesa  de  los Siete  en Essos, pero  en Poniente  ellos  eran  libres. Hechos fervientes  por  el conflicto  y  la huida, los guerreros de  los Ándalos tatuaron  en  sus cuerpos la  estrella de  siete  puntas  y  juraron  por su sangre  y  por los Siete  que  no  descansarían  hasta  haber  labrado  sus  reinos en las Tierras  del Ocaso. Su  éxito  le  dio  a  Poniente  un  nuevo nombre:  Rhaesh  Andahli-  la Tierra  de  los Ándalos, como los  Dothraki  le  dicen  hoy  en día.

Es  igualmente  convenido  por los septones,  los cantantes,  y  los maestres,  que  el primer lugar  dónde  aterrizaron los Ándalos estaba en los  Dedos  en el Valle  de  Arryn. Se encontraron  tallas  de la  estrella de  siete  puntas esparcidas en  las rocas  y  piedras a  lo largo  de  esa  área  —  una práctica  que  en  el futuro  fue usada en las conquistas de  los ándalos.

Barriendo  a  través  del Valle  con  fuego  y  espada, los ándalos comenzaron  su conquista de  Poniente. Sus armas y  armaduras de hierro  superaron  el bronce  con  el que  los Primeros  Hombres luchaban  todavía, y  muchos de los  Primeros Hombres  perecieron en esta  guerra.  Probablemente  era una guerra—  o  una serie  de muchas guerras  —que duraron  décadas. Eventualmente  algunos de los  Primeros  Hombres se  rindieron,  y  es por  esto que  aún  existen casas en  el  Valle  que  proclaman  con  orgullo  su descendencia de los  Primeros Hombres,  como los Redfort  y  los  Royce.

Los  bardos dicen que  el héroe  Ándalo  Ser  Artys  Arryn  voló  sobre un  halcón  para asesinar al Rey  Grifo  sobre  la Lanza del Gigante, fundando  de  este  modo  el  linaje  real de  la casa Arryn. Estas  son tonterías, si  bien  una corrupción  de  la  verdadera  historia de los Arryn  entremezclada  con  leyendas de la Edad  de  los Héroes. En cambio, lo  que sucedió  fue  que  los reyes  Arryn  suplantaron  a  los Reyes  Supremos  de  la Casa  Royce. Con  el  Valle  resguardado, los ándalos  volvieron  su atención  al resto  de  Poniente  y marcharon desde  la Puerta de  Sangre. En las  guerras posteriores,  los aventureros Ándalos forjaron  pequeños  reinos  de  los  viejos reinos de los  Primeros Hombres  y lucharon  entre  sí  con  tanta frecuencia como  lo  hicieron  con  sus  enemigos.

En las guerras  sobre  el  Tridente,  se  dice  que  siete  reyes ándalos unieron  fuerzas contra el último  verdadero Rey  de  los Ríos  y  las Colinas, Tristifer  el  Cuarto, quien  era descendiente  de  los Primeros Hombres,  y  lo derrotaron  en lo  que  los bardos afirman fue  su centésima batalla.  Su  heredero,  Tristifer el  Quinto, demostró ser incapaz de defender el legado de su padre, y así fue como su reino cayó ante los ándalos.
En esta  misma  era un  ándalo, recordado  en  las leyendas como Erreg el  Matarreyes,  se topó  con  la gran  colina de  Alto  Corazón. Allí, bajo  la protección  de  los reyes  de  los Primeros  Hombres,  los niños del  bosque  cuidaban de  los  enormes  arcianos  tallados que la coronaban  (treinta  uno, según  el Archimaestre  Laurent  en  su manuscrito  “Antiguos  Lugares  del  Tridente”).

Cuando  los guerreros  de  Erreg  intentaron  talar los árboles, se dice que  los  Primeros Hombres  pelearon  junto  a  los  niños, pero  el poder  de  los Ándalos fue  mucho  mayor. A pesar de  que  los  niños y los  Primeros Hombres  hicieron  un  valiente  esfuerzo  para defender  su  arboleda sagrada, todos fueron  asesinados. Hoy  en día los  cuentacuentos afirman  que  los fantasmas  de  los niños aún merodean la  colina  por las  noches. Incluso hoy  en día,  los ribereños  evitan  el  lugar.

Los  clanes  de  las  Montañas  de  la  Luna son  descendientes  obvios de  los  Primeros Hombres,  que  no  doblaron  la rodilla a los Ándalos y  por  eso  se  ocultaron  en  las montañas.  Hay  similitudes además, en sus  costumbres con las costumbres  de  los salvajes  de  más  allá del  Muro—  tales  como  robar  a  la novia, un  terco  deseo  de gobernarse  —y  todos los salvajes  descienden, indiscutiblemente, de  los  Primeros Hombres. Al  igual que  los  Primeros Hombres antes  que  ellos, los  Ándalos demostraron ser  enemigos acérrimos de  los niños restantes. A  sus  ojos,  los niños adoraban  dioses extraños  y  tenían  extrañas  costumbres,  por  lo  que  los Ándalos los expulsaron  de todos los  espesos  bosques  que  el  Pacto  les había concedido.

Debilitados  y  aislados con  el  paso  de  los años, los  niños carecían de  cualquier ventaja que  pudieran  haber  tenido  sobre  los Primeros Hombres. Y  lo  que  los  Primeros Hombres  nunca pudieron  lograr—  erradicar  por  completo  a  los niños  —los Ándalos casi lo  lograron  en  muy  poco  tiempo. Algunos  pocos niños  pudieron  haber escapado  al Cuello,  donde podrían  haber encontrado  seguridad  entre  los  pantanos  y  las  ciénagas, pero  si lo  hicieron, no  quedó  ningún rastro  de  ellos.  Es  posible que  unos pocos sobrevivieran  en  la Isla de  los Rostros,  como  algunos han escrito, bajo  la protección  de los hombres  verdes, a  quienes  los Ándalos nunca pudieron  exterminar.

Pero  de  nuevo, nunca se  han  encontrado  pruebas definitivas. De cualquier  modo, los pocos niños restantes  escaparon  o  perecieron, y  los  Primeros  Hombres  se  hallaban perdiendo  guerras  tras guerra, y  reino  tras reino,  ante  los invasores  ándalos. Las batallas y guerras fueron interminables, pero  eventualmente  todos los reinos sureños cayeron. Al  igual que  los hombres  del  Valle, algunos se sometieron  ante  los  ándalos, incluso  tomando  la fe  de  los Siete. En  muchos casos,  los  ándalos tomaron  a  las esposas  e  hijas de los reyes derrotados  en matrimonio, a  modo  de  consolidar su derecho a gobernar.  Ya  que,  a pesar de  todo,  los  Primeros Hombres  eran mucho  más numerosos que  los ándalos  y  no podían  simplemente dejarlos de  lado.

El hecho  de  que  muchos  castillos  sureños  aún  tengan  bosques de dioses  con  arcianos tallados  en su interior  se dice  que  es gracias  a los primeros reyes  Ándalos, quienes cambiaron  su deseo  de conquista por  el  de  la integración,  evitando  de  este  modo conflictos basados  en  la diferencia de  credos.   Incluso  los Hombres del Hierro—  los feroces  guerreros navegantes  que  se  pensaban seguros  en sus islas  cayeron  ante  el avance  de  la conquista Ándala. Porque  aunque  a los  Ándalos  les  tomó  mil  años dirigir su atención  hacia  las  Islas del  Hierro,  cuando  lo  hicieron,  lo  hicieron con  renovado fervor.  Los Ándalos  arrasaron las islas,  exterminando el linaje  de  Urron  Manorroja,  que había gobernado  con  hacha  y espada durante  mil años.

Haereg escribe  que,  en  un  comienzo,  los  nuevos reyes  Ándalos intentaron  forzar la adoración  de  los  Siete  en los hombres  del hierro,  pero  estos no  lo  aceptaron. En  su lugar, permitieron  que su fe  coexistiera  junto  a la del Dios  Ahogado. Al  igual que  en el continente,  los Ándalos se  casaron  con  las  esposas e  hijas  de  los hombres  del hierro  y tuvieron  hijos con  ellas.  Pero  a  diferencia de en  el continente, la Fe  nunca echó  raíces; ni  siquiera se mantuvo firme  entre  las  familias de  sangre  Ándala. Con  el  tiempo, tan sólo la  fe  del Dios Ahogado  reinó  sobre las Islas del Hierro, con  sólo unas cuantas casas recordando  a  los Siete.

Tan sólo  el Norte  fue  capaz  de  mantener  a  los Ándalos  a  raya, gracias  a los impenetrables pantanos del Cuello y  los antiguos fuertes  de  Foso  Cailin. Es difícil estimar el número  de  armadas Ándalas que  fueron  destruidas en el Cuello, pero fue así como los Reyes del Invierno preservaron su regencia durante los siglos venideros.

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