La maldición de Valyria

Con la destrucción  de  Rhoynar,  Valyria logró  la dominación completa  de  la  mitad  occidental de  Essos, desde  el  Mar  Angosto hasta la Bahía de  Esclavos,  y  desde el  Mar de  Verano  hasta  el  Mar de los  Escalofríos. Los esclavos  entraron  a  raudales  en  el Feudo Franco  y  rápidamente  eran  despachados a  los Catorce  Fuegos, a las minas de  los  preciosos  oro  y  plata,  que  los propietarios amaban  tanto.   Quizás durante  los preparativos de  su cruce  del Mar Angosto, los Valyrios  también  establecieron  su fortín oriental en una isla que  vendría  a  ser  conocida como  Rocadragón  unos doscientos años antes  de  la  Maldición.

Ningún  rey  se  les  opuso—  y  los señores  locales  que  hicieron algún  esfuerzo  para  resistirse  se  dieron  cuenta que  la fuerza  de Valyria  era  muy  grande. Con  sus artes  arcanas, los Valyrios levantaron  la  Ciudadela de Rocadragón. Pasaron  dos  centurias— centurias en  las que  las codiciadas espadas de  acero  valyrio empezaron  a  emerger  en los Siete  Reinos  con  mayor  rapidez que antes  —pero  no  con  tanta rapidez como  para  complacer  a  todos los señores y  reyes  que  las deseaban. Y  aunque  la  visión  de  un señor dragón  que  sobrevolando  la  Bahía del Aguasnegras ya no era del  todo  desconocida, a  medida que  el  tiempo  pasaba esto ocurrió con  más frecuencia. Valyria  sintió  que  su  asentamiento  estaba asegurado,  y  los señores  dragón  continuaron  con  sus planes  e intrigas en  su continente  natal.

Y  entonces, inesperada  para todos (salvo, quizás, para  Aenar Targaryen  y  su hija  doncella  Daenys la Soñadora), la Maldición llegó  a  Valyria.   Hasta  el día  de  hoy, nadie  sabe  con  exactitud  que causó  la  Maldición. Muchos dicen que  fue  un  cataclismo natural— una explosión  catastrófica causada por la  erupción  conjunta  de  los Catorce  Fuegos. Algunos septones,  menos sabios, afirman que  los Valyrios trajeron  el desastre  sobre  ellos  debido  a  sus  promiscuas creencias  en  cientos de  dioses,  y  hurgaron  demasiado  en su sacrilegio  desatando  los fuegos de  los  Siete Infiernos sobre  el Feudo.   

Un puñado  de  maestres  influenciados por fragmentos  de  la obra del Septón  Barth, sostienen que  Valyria  había usado  hechizos para contener  las Catorce  Llamas por  miles  de  años, que  su incesante hambre  de  esclavos  y riquezas era tanto  para  sostener  estos hechizos como  para expandir su  poder,  y  que  cuando  al  fin  esos hechizos decayeron,  el cataclismo  fue  inevitable.   Acerca de  esto, algunos afirman  que  fue  la  maldición  de  Garin  el  Grande,  quien al fin  obtuvo  su venganza. Otros  hablan  de  los sacerdotes  de R’hllor invocando  los fuegos de  su dios en  extraños rituales. Algunos, enlazando  la noción  fantástica de  la  magia Valyria  con  la realidad  de  las ambiciosas casas  Valyrias,  argumentan que  el incesante  conflicto  y  engaño  entre  estas  grandes casas  era  lo que pudo  desencadenar  el  asesinato  de muchos  de  los respetados magos  que  renovaban  y  mantenían  los  rituales  que  contenían  las llamas de los Catorce  Fuegos.  

La única cosa que  se  puede  decir con  certeza  es que  fue  un cataclismo  como  el  mundo  no  había  visto  nunca antes. El antiguo y  poderoso  Feudo  Franco—  hogar  de  dragones  y  hechiceros de inigualable habilidad  —fue arrasado  y  destruido  en cuestión  de horas.  Se  dice  que  cada colina  en quinientas  millas  a la redonda se rompió en pedazos  llenando  el aire  con  cenizas, humo  y  fuego  tan caliente  y  voraz  que  incluso  los dragones  que  los sobrevolaban fueron  engullidos y  consumidos. Grandes grietas  se  abrieron  en la tierra, tragándose  palacios, templos,  y  pueblos  enteros. Los  lagos hirvieron  y  se  convirtieron  en  ácido,  las  montañas explotaron, fuentes ardientes  expulsaron  roca fundida a  mil  pies  de  altura,  y nubes  rojas  llovieron  vidriagón  y  sangre  negra  de demonios. Hacia el  norte,  el suelo  se  resquebrajó  y  colapsó  sobre  sí  mismo, y  la  inundó  un  mar  furioso  de  agua hirviendo.   

La Maldición de Valyria

La ciudad  más  orgullosa  del  mundo  desapareció  en un  instante, el legendario  imperio  se  desvaneció  en  un  día. Las Tierras del  Largo Verano—  una  vez las  más  fértiles  del  mundo  —fueron  arrasadas, inundadas y  destruidas, y  continuaron  cobrando  vidas incluso  en el  siglo  siguiente.

Tras el  súbito  vacío  empezó  el  caos. Los señores  dragón  estaban reunidos  en  Valyria  como  era su  costumbre… a excepción  de Aenar  Targaryen, sus  hijos  y  sus dragones,  que  habían  volado  a Rocadragón  y  así escaparon  de la maldición. Algunos relatos afirman  que  unos pocos  más  también sobrevivieron… por poco tiempo.   Se dice  que  algunos señores dragón  en  Tyrosh  y  Lys  se salvaron, pero  en la apremiante  conmoción  política que siguió  a  la Maldición, ellos  y  sus dragones  fueron  asesinados por  los ciudadanos de  las Ciudades  Libres.

En cambio, las historias de  Qohor afirman  que  un  señor  dragón que  pasaba de  visitaba, Aurion, reunió  fuerzas  de los colonos Qohorienses  y  se  autoproclamó  Emperador de Valyria.  Él  voló hacia  Valyria,  montado  en su gran dragón, seguido  por un  ejercido a  pie  de  treinta  mil  hombres,  para  reclamar lo  que  había quedado  de  Valyria y restablecer  el  Feudo.  Pero  ni el  Emperador Aurion ni  sus huestes  fueron  vistos  de  nuevo.   La época de  los dragones  en  Essos  llegaba a  su fin.    Volantis, la  más poderosa de las Ciudades  Libres, pronto  hizo  reclamo  sobre  la  soberanía de Valyria. Hombres  y mujeres nobles  de  sangre  Valyria, que  no  eran señores  dragón,  entraron  en  guerra  con  las  otras  ciudades.  Los tigres,  como  se  hacían  llamar aquellos  que  abogaban  por la conquista, guiaron  a  Volantis hacia  un  gran conflicto  con  las  otras Ciudades  Libres. En un  principio, sus flotas  y  ejércitos  tuvieron gran  éxito  controlando Lys  y  Myr,  y  comandando  los dominios sureños  en el  Rhoyne.

Fue  cuando  se  extralimitaron, e  intentaron apoderarse  también de Tyrosh, que  su floreciente  imperio  colapsó. Temerosa del  ataque Volantino,  Pentos  se unió  a  los Tyroshi  en  la  resistencia.  Myr  y Lys  se  rebelaron, y  el Señor del Mar de  Braavos proporcionó  una flota  de  cien navíos para  ayudar a Lys. Además,  el Rey  Tormenta de Poniente,  Argilac el Arrogante,  guió  una hueste  hacia  las Tierras de  la Discordia—  a  cambio  de  la promesa  de  oro  y  gloria  —que derrotó  a  los regimientos  Volantinos que  intentaban  recuperar Myr.

A raíz  de  todos  estos  conflictos,  y  las luchas que  continuaron hasta  estos días  sobre  las Tierras de  la  Discordia, la plaga de las Compañías  Libres  nació  y  echo  raíces. Al  principio, estas  bandas de  mercenarios simplemente peleaban  por  aquellos  que  les pagaban. Pero  hay  algunos  que  dicen, que  cuando  la paz  se instauraba,  los capitanes  de  estas Compañías Libres  instigaban nuevas guerras para  sustentarse,  y  beneficiarse  con  los saqueos.
Cerca del  final, incluso  el futuro  Conquistador, el  todavía joven Aegon  Targaryen,  se  involucró  en el conflicto. Sus antepasados siempre  miraron  hacia  el este, pero  su atención  desde  una edad temprana había estado centrada en  el  oeste. Sin  embargo,  cuando Pentos  y  Tyrosh  se  le  acercaron, invitándolo  a  unírseles  en  una gran alianza en  contra de  Volantis, él  los  escuchó.

Y  por razones  que  aún  desconocemos, decidió  aceptar  su propuesta…  hasta cierto  punto.  Montando  en  el Terror  Negro,  se dice  que  voló  hacia el  este, reuniéndose  con el Príncipe  de  Pentos y  los  magísteres  de  la Ciudad  Libre,  y  desde  ahí voló  sobre Balerion  hasta  Lys,  justo  a tiempo  para  abatir  una flota Volantina que  se  preparaba para invadir aquella  Ciudad  Libre.

Dragón ardiendo

Volantis sufrió  más derrotas—  en el  Lago  Daga, donde  las galeras de  fuego  de  Qohor y  Norvos destruyeron gran  parte  de  la flota Volantina que  controlaba el  Rhoyne;  y  en el  este  donde  los Dothraki empezaron  a  salir como un  enjambre  del  Mar  Dothraki, dejando,  a  su paso, ciudades y  pueblos  en  ruinas mientras atacaban  a  la debilitada Volantis.  Al final,  los  elefantes—  la facción Volantina que  favorecía  la paz, y  que  estaba  formada  en su mayoría  por los  adinerados comerciantes  y  mercaderes  que habían  sufrido  bastante  con  la  guerra  —les arrebataron  el poder a los  tigres,  quienes  favorecían  la  conquista,  y  pusieron  fin  al conflicto.

En cuanto  a  Aegon  Targaryen, poco  después  de  su intervención en Lys,  está  escrito  que  perdió  todo  interés  en los asuntos del este. Pensando  que  el  reinado  de  Volantis había llegado  a  su fin,  voló de  regreso  a Rocadragón. Y  entonces, cuando  las guerras en  Essos dejaron  de  ser un  problema,  volvió  su  mirada  hacia el  oeste.

El Feudo  Franco  de  Valyria  y  su imperio  fueron  destruidos por  la Maldición,  pero  la destrozada península aún existe.  Historias extrañas  se  cuentan  sobre  ella hoy  en  día, cuentos sobre demonios  que  atormentan el  Mar Humeante  donde  una vez estuvieron  los Catorce  Fuegos.  De  hecho,  el camino  que  une Volantis con  la  Bahía  de los Esclavos llegó  a ser  conocido  como  “el camino  del  demonio”  y  es evitado  por  los  viajeros  más  sensatos.

Los  hombres  que  se  atreven  a  entrar  al Mar Humeante  no regresan,  como  Volantis aprendió  durante  el Siglo de  Sangre, cuando  desapareció  una flota que  había sido  enviada para reclamar la  península. Existen  rumores extraños sobre  hombres viviendo  entre  las ruinas de  Valyria  y  en  las  ciudades circundantes de  Oros  y  Tyria. Pero  muchos  refutan  dichos rumores,  alegando  que  la  Maldición  aún  perdura en  Valyria.

No obstante,  algunas de las ciudades  alejadas del  corazón  de Valyria  permanecen  inhabitadas—  lugares fundados por  el Feudo y sujetos al  mismo.  El  más siniestro  de  estos es  Mantarys,  un  lugar donde  se  dice que los hombres  nacen deformados  y  monstruosos; algunos atribuyen  esto  a  la  cercanía de  la ciudad  al  camino  del demonio.

La reputación  de  Tolos, donde  se  encuentran  los  mejores honderos  del  mundo,  y  de  la ciudad  de Elyria en  su isla,  es  meno siniestra,  y  meno  notable  también,  ya que  estas  hicieron  tratados con  las  ciudades Ghiscari  en  la  Bahía de los  Esclavos  y  por tanto, evitaron  verse  involucradas  en cualquier intento  por  reclamar el corazón ardiente de la destrozada Valyria.

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