Los Reyes Targaryen: Daeron I

Cuando  Aegon  III  murió  en  el vigésimo  sexto  año  de  su  reinado,  157  años después  de  que  el  Conquistador fuese  coronado, dejó  atrás  dos hijos y  tres  hijas. El  mayor de  sus hijos,  Daeron,  era un  muchacho  de  catorce años cuando  asumió  el trono.

Tal  vez por su genio  y  su  encanto  o  tal  vez debido  al recuerdo  de  lo  sucedido durante  la regencia del padre  de  Daeron,  el príncipe  Viserys decidió  no  insistir en  una regencia  mientras el joven rey  aún  seguía siendo  menor de  edad. En su lugar, Viserys continuó  sirviendo  como  Mano  del  Rey mientras Daeron  gobernaba de forma  hábil  y  competente. Pocos previeron  que  Daeron,  el primero  de  su nombre,  se  cubriría de  gloria igual que  su antepasado  Aegon  el  Conquistador cuya corona llevaba  (su padre había preferido  una sencilla diadema). Sin  embargo  esa gloria  se  convirtió  en  cenizas casi con  la  misma rapidez.

Daeron  era  un  joven de rara  brillantez  y  contundencia y  al principio  se  encontró  con  la resistencia  de su tío,  sus consejeros y  muchos grandes  señores  cuando  propuso  por primera  vez  completar  la Conquista ‘trayendo  Dorne  al reino’. Sus señores  le  recordaron  que  al contrario  que  Aegon  y  sus hermanas,  él no  tenía más dragones  aptos  para  la  guerra a lo  que  Daeron  respondió  ‘tenéis un  dragón,  está  delante  de  vosotros’. Al final, como  no  se  podía llevar la contraria  al  rey, cuando  este  reveló  sus planes  de  conquista–  realizados  con  la ayuda de Alyn  Velaryon  ‘Puño  de  Roble’  –algunos  comenzaron  a  pensar que  de  hecho,  podría  ser  posible, dado que  era una  campaña  mucho  mejor que  la  de  Aegon  en su  momento.  Daeron  I  mostró  ampliamente  su destreza  en los  campos de  Dorne,  que  durante  cientos  de  años  había desafiado  al  Rejo, las  Tierras  de  la Tormenta  e  incluso  a  los  dragones  de  la casa Targaryen.

Daeron  dividió  su  ejército  en  tres  partes:  una liderada  por Lord  Tyrell  que  bajó  por el  Paso  del  Príncipe  en el extremo  occidental de las  Montañas Rojas de  Dorne;  uno  liderado  por  el primo  y  almirante  de  la flota  real, Alyn  Velaryon,  viajando  por el  mar;  y  uno  dirigido  por  el propio  rey,  marchando  por el  traicionero  paso  del Sendahueso, donde  hizo  uso  de  pasos  de  cabras que  otros  consideraron  demasiado  peligrosos, para  así  poder ver  las  torres  de  vigilancia  de  Dorne  y  evitar  las  mismas trampas que  habían  detenido  a  Orys  Baratheon.

El joven rey  barrió  a  su  paso  a  toda fuerza  que  tratase  de  detenerlo. El  Paso  del  Príncipe  fue  ganado  y  lo  más importante,  la flota  real rompió  las defensas de  la Ciudad  de  los  Tablones,  pudiendo  navegar  así rio  arriba.   De  este  modo,  Dorne  tuvo  que  dividir su  defensa  en  dos, la  mitad para controlar  a ser Alyn  en  el Sangreverde, las fuerzas de  Dorne  en el  este  y  en el  oeste  no  podían  ayudarse  mutuamente. Y  a  partir de  este  punto, una serie  de  audaces  batallas, que  fueron  de  gran  volumen  en  su totalidad. Hay  muchos cuentos  sobre  esta  guerra, pero  el  mejor de  ellos es  el  de  la conquista de  Dorne,  dado  que  la  campaña de  Daeron  se  considera una maravilla de elegante simplicidad, tanto en su prosa como en sus estrategias.


Un año  después,  los invasores  estaban  frente  a las puertas  de  Lanza del  Sol  y  luchaban  para  abrirse  camino  en la llamada  Ciudad  de  la Sombra.  En  el 158  DC, el príncipe  de  Dorne  y  los lores  más poderosos de  Dorne hincaban  la rodilla ante  Daeron  en la  Sumisión  de  la Lanza. El joven  dragón  había logrado  lo  que  Aegon  el Conquistador  no  pudo. Había aun  rebeldes  en los desiertos  y  montañas,  hombre  de  la  marca  que  huían rápidamente  de  la  ley, pero  eran  escasos  en  número.  El rey  rápidamente  consolidó  su control en  Dorne,  dando el trato  merecido  a  esos rebeldes  cuando  los  encontró…  aunque  no  sin  dificultad. En un  episodio  infame,  una flecha  envenenada que  tenía que  haber  acertado  en  el  rey,  pero  lo  hizo  en su primo, el príncipe  Aemon  (hijo menor del príncipe  Viserys)  que  tuvo  que  ser  enviado  de  vuelta  a  casa  en un  barco  para  recuperarse. Sin embargo, en  el  159  DC el  interior  del país  estaba  pacificado  y  el  joven dragón  era  libre  de  volver  triunfante  a Desembarco  del Rey, dejando  a  Lord  Tyrell en  Dorne  para mantener la  paz. Como  garantía de una futura  paz con  Dorne  y  un  buen comportamiento,  catorce  rehenes  de  alta  cuna  viajaron  con  el rey  a  Desembarco, todos ellos hijos  e  hijas de  las grandes  casas de  Dorne. Cartas de  Dorne  registradas por  el  maestre  Gareth,  sugieren que  Lord  Qorgyle,  señor de  Piedra  Arenisca, organizó  un  intento  de  asesinato  a  Lord  Tyrell.  Sin  embargo, sus  motivos  fueron  objeto  de  especulación  en  los últimos años. Algunos dicen  que  creció  en el la  ira ante  su temprana  lealtad  –    poniendo  fin  a  la  demagogia  de uno  de  los señores  más notorios    –  y  la  poca consideración  que  Lord  Tyrell le  dio.  Mientras  que  otros afirman que  todo  formaba parte  de  un  plan  traicionero  que  pretendía arrullar  tanto  al rey  como  a  Lord  Tyrell para acabar con  ellos cuando  confiasen en  él.

Esta táctica  resulto  menos  eficaz  de  lo  que  Daeron  había esperado. Mientras que  los  rehenes  ayudaron  a asegurar  la continua lealtad  de  los  de  su propia sangre,  el rey  no  había  anticipado  la  tenacidad  del  pueblo  llano de  Dorne,  sobre  los cuales  no  tenía  poder  alguno.  Diez  mil  hombres,  se  dice,  murieron  en la batalla  para conquistar  Dorne;  cuarenta  mil  más  murieron  en el  transcurso  de  los  tres años siguientes,  mientras el  pueblo de Dorne luchaba tenazmente contra los hombres del rey.
Lord  Tyrell, a quien  Daeron  había dejado  a  cargo  de  Dorne,  trató  valientemente  de  sofocar  el fuego  de  la rebelión,  viajando  de  castillo  en  castillo  con  cada  luna  y  castigando  a  cada partidario  de  los  rebeldes  que encontraba,  ahorcándolos,  quemando  los  pueblos que  albergaban  proscritos y  así  sucesivamente.  Pero  el pueblo  llano  contraatacó,  y  cada día amanecían  con  suministros robados  o  destruidos, campos quemados, caballos  muertos  y  poco  a  poco  el número  de  soldados y  hombres  de  armas  muertos  en los callejones  de  la ciudad  se  elevó  de  forma  alarmante.  Eran  emboscados  a  la sombra de las  dunas, asesinados  en sus campamentos.  Pero  la  auténtica rebelión  comenzó  cuando  Lord  Tyrell  y  su  séquito  viajaron  a  Piedra Arenisca, donde  su señoría  fue  asesinado  en  una cama  de  escorpiones.

Cuando  se  corrió  la  voz  de  su fallecimiento, la  rebelión  barrió  Dorne  de  un  extremo  a  otro. En  el 160  DC  el propio  joven dragón  se  vio  obligado  a  regresar  a  Dorne  para sofocar a los  rebeldes. Ganó  varias pequeñas victorias luchando  en  la  Sendahueso  mientras  que  Lord  Alyn Puño  de  Roble  descendió  una  vez  más a  la Ciudad de  los  Tablones  para remontar el Sangreverde.  Aparentemente  después  de  esta  paz  rota,  los  dornienses accedieron  a  reunirse  en el  161  DC para  renovar  su lealtad  y  discutir los términos…  Pero  era  traición  y asesinato  lo  que  tenían  en  mente  y  no  la paz. En una sangrienta  traición,  Dorne  atacó  al joven dragón  y  su ejército  bajo  la  bandera de  la paz. Tres  caballeros de  la  Guardia Real  fueron  asesinados tratando  de  proteger  al rey  (un  cuarto,  para su  eterna vergüenza,  arrojó  su  espada  y  se  rindió).

El príncipe  Aemon,  el  caballero  dragón, fue  herido  y  capturado,  pero  no  antes  de  que  matase    a docena  de  enemigos.  El reinado  de  Daeron  I  finalizó así, con  cuatro  cortos años.  La gloria  puede  ser  eterna,  sin embargo,  es  tan fugaz  como  pronto  olvidada hasta en sus últimas consecuencias, incluso en las mayores victorias si estas conducen a desastres aún mayores.
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